martes, 31 de diciembre de 2013

Adios 2013



Adiós a 2013

Se fue, se va, 
Se lleva con él las cuatro estaciones,
las noticias que nos contaron los periódicos
los cumpleaños de nuestros amigos
algunos olvidos, algunas fechas
libros que todavía no he leído
los buenos propósitos incumplidos
la lluvia inesperada de un martes cualquiera
las palabras de amor desgastadas
la banda sonora de la alegría
la final de aquel partido de fútbol que perdimos
el frío gris de otro invierno
el silencio de las noches más oscuras
el crepúsculo de los días de sol ardiente
las sonrisas falsas de los anuncios de televisión
el sabor agridulce de la nostalgia
y los días azules 
iluminados de amor y sueños.

Adiós 2013




domingo, 29 de diciembre de 2013

La Estatua sin nombre




Miren todos a la estatua sin nombre, ¿quién se esconde debajo de esa capa negra de plástico? Ahí está desafiando a las tormentas tropicales de Diciembre. Parece mirar hacia un lado mientras una cuerda le aprieta la garganta y sin embargo no dice nada, no se queja de ningún dolor. Está muda gritando alguna palabra incompresible para los coches, motos y camiones que recorren el trayecto de una carretera cualquiera, donde en una rotatoria un hombre de piedra espera de pie a que llegue su hora.

martes, 24 de diciembre de 2013

Feliz Natal !!!



¡¡ FELIZ NAVIDAD !! 

para todos los lectores del blog:

http://palavrasemespanhol.blogspot.com.br

lunes, 23 de diciembre de 2013

Instruções para ser feliz


  

"Felicidade se acha é em horinhas de descuido"

GUIMARÃES ROSA

He aquí una lista de "Instrucciones para ser feliz" que un grupo de alumnos hizo hace algún tiempo en la clase de Español y que ahora comparto con los lectores de este blog para que toméis nota. Ya decía el señor Guimarães Rosa que la felicidad suele aparecer en aquellos momentos que estamos descuidados.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Prá te esclarecer



Tom Zé, un tropicalista de Iará (Bahia), irreverente y genial, siempre confundiendo para esclarecernos, iluminándolo todo para poder cegarnos con sus ideas y su música.



Tom Zé

Tô bem de baixo prá poder subir
Tô bem de cima prá poder cair
Tô dividindo prá poder sobrar
Desperdiçando prá poder faltar
Devagarinho prá poder caber
Bem de leve prá não perdoar
Tô estudando prá saber ignorar
Eu tô aqui comendo para vomitar

Eu tô te explicando
Prá te confundir
Eu tô te confundindo
Prá te esclarecer
Tô iluminado
Prá poder cegar
Tô ficando cego
Prá poder guiar

Suavemente prá poder rasgar
Olho fechado prá te ver melhor
Com alegria prá poder chorar
Desesperado prá ter paciência
Carinhoso prá poder ferir
Lentamente prá não atrasar
Atrás da vida prá poder morrer
Eu tô me despedindo prá poder voltar

domingo, 15 de diciembre de 2013

Tal vez mortalmente herido



«El presidente ha sido alcanzado por disparos esta noche en un teatro y tal vez mortalmente herido»

Así escribió un redactor de la agencia de Noticias Associated Press  el lead mas famoso del periodismo, donde el protagonista de la noticia era el presidente de EE.UU, Abraham Lincoln, que había recibido un disparo por un actor en un teatro en Washington, la noche del 14 de abril de 1865.

Um detalhe do tamanho do mundo




A espécie humana surgiu na terra há cerca de três milhões de anos e surgiu com uma vocação admirável a de transformar tudo a sua volta.

Transformamos pedra em ferramenta, planta em roupa, chão em milharal, milho em pipoca, trigo em pão, água em energia, papel em literatura, silício em videogame, petróleo em velocidade.

Vivemos hoje uma cultura de transformações cada vez mais aceleradas e o fato de estarmos realizando plenamente nossa vocação é maravilhoso se não fosse por um detalhe.

Um detalhe do tamanho do mundo. A terra não tem recursos suficientes para nosso ímpeto transformador.

Já somos sete bilhões de pessoas e seremos muitos mais. Nosso impulso transformador só vai se expandir nos próximos anos. O que faremos diante de este enorme dilema?. O homem vai parar de transformar o mundo?. Vai abolir uma vocação tão bela e profunda da noite pra o dia?, Como vamos tornar compatíveis a continuidade de nosso desenvolvimento e nossa própia existência em nosso planeta terra?

jueves, 12 de diciembre de 2013

La luz de vivir




OTRA FORMA DE SENTIR

Y si le gusta andar descalzo por la ruta del sol
y caminar sobre cristales ardiendo
y si nació con el color de la mañana sin luz
si no se ve mirando en ese espejo
es el momento de crecer sabiendo bien la raíz
y de abrazar el tallo de otra rama
es el momento de crecer por dentro y fuera de ti
y de entender el fuego de otra llama

Y si nació donde la lluvia no mojó la ciudad
donde la arena puso nombre a un desierto
y si vivió buscando el lado de su sexo real
si no te ves bailando en ese cuerpo
es el momento…

Abre tus ojos y tu corazón
aprende a ver lo que no ves
otra forma de sentir
besa nos besa y enciende
la luz de vivir

Y si le gusta descubrirse donde nadie miró
y decidir en qué momento esconderse
y si no dice nada porque nada quiere decir
y si quisiera ser ceniza y perderse

Es el momento… 

PEDRO GUERRA



domingo, 8 de diciembre de 2013

Nada soy si no soy el que soy


      
"Nada soy si no soy el que soy" 

(Fiquei dormido sonhando livros que ainda não li)

viernes, 6 de diciembre de 2013

Arcadi vs. Umbral




Arcadi Espada, el periodista y escritor barcelonés fue el elegido por el periódico El País para entrevistar al flamante premio Cervantes de aquel año 2000. Sus preguntas venenosas acabaron ahogándose como las malas novelas en el fondo de la piscina de la Dacha.


El País, Domingo 17 de Diciembre de 2ooo

“Odiar da cáncer”

Francisco Umbral (1932-2007), periodista y escritor español.

Francisco Umbral, 68 años, último Premio Cervantes, admite que su género es el memorialístico pero señala que ningún escritor tiene una sola cuerda. Confiesa su admiración por Quevedo y Pla antes que por Cervantes y Baroja.

Arcadi Espada 

Todo según el canon en la dacha de Majadahonda. El suave otoño en el jardín y en la casa, aproximadamente, la temperatura de la habitación de Proust. Él va escribiendo en un rincón de la sala, sentado en un ampuloso sillón de mimbre, tipo Emannuelle negra, y tecleando muy rápido la veterana y eficacísima Lettera. Hasta donde alcanza la vista, lleva batín azul, albornoz blanco de algodón, pijama a rayas, pañuelo de seda rosada y sobre las piernas un buen refuerzo de lana.

Lo único inesperado es la piscina, llena de agua. Pero es que los libros podridos acababan corroyéndola y hubo que prohibir el almacenaje.

Me llamó la atención que el día del Cervantes dijera “¡Hemos ganado!” ¿Ese plural?
No, me refería a la nube de periodistas, para decirlo con el tópico, que estaban en casa. Después de varias horas de incertidumbre, se había creado algo así como una complicidad general a mi favor, y por eso usé el plural. Sí, fue por eso.

En cualquier caso, parecía como si hubiera ganado a alguien más que a sus meros rivales.
Es que fue así. Había dos bloques: la Academia y yo. Y gané. Se trata de un viejo tema: la lucha del hombre contra las instituciones. Antes los hombres luchaban contra las dioses. Ahora luchan contra las instituciones. Pero la soledad es la misma.

Como contra los dioses, dice.
Exacto: en la más absoluta soledad. Aunque, claro, en el jurado había gentes que luchaban por mí. Mis mosqueteros. Mis buenos mosqueteros.

Cela...
Cela, Hierro y el crítico de EL PAIS, García Posada. Ellos se batieron bravamente. Cela, con esa autoridad que acojona. Que acojona mucho, ¿eh? Y Hierro, que hizo un informe conmovedor. Conmovedor porque el derrotado tenía que ser un gran poeta, pero sobre todo un gran amigo suyo. Y Hierro dijo, con grandeza, que lo que se debatía no era la amistad sino la calidad literaria.

¿Quién era el derrotado?
Carlos Bousoño. Claro, yo de todas esas cosas me he ido enterando luego.

Claro.
La Academia tenía tres candidatos: Laín Entralgo, Ana María Matute y Carlos Bousoño. Pero el candidato real era Bousoño. Era el que tenía un perfil neto de académico. Se trataba de la Vieja Dama, el Hombre Mítico y el Académico Tipo. Éste era al que había que vencer. Se venció. En fin, Bousoño y yo somos amigos y espero que sigamos siéndolo.

¿Le ha felicitado?
No, pero eso es normal.

Laín y usted, tantos años después del inicio de sus encontronazos, compitiendo por un premio. Ya casi es enternecedor.
Laín no debería presentarse ya a estas cosas. Pero la ambición de gloria es más insaciable que la ambición del dinero. ¿Qué gloria le puede añadir a Laín este premio?

Tenía entendido que nadie se presenta al Cervantes.
Ehh... sí, bueno, lo presentan a uno. Yo no me presento a nada.

Usted tampoco parece ambicionar el dinero.
¿Mis ambiciones? Yo ya lo he ganado todo. Como decía Machado, mis ambiciones se me murieron... el martes. Pero ya le digo, yo no me presento a nada. Esto fue cosa de Cela. Ya lo intentó el año pasado, pero entonces nos ganó Pinochet.

Le ganó un escritor.
Pinochet.

Pinochet sólo firma.
Pinochet escribe mejor que Edwards. Y tiene mucho más mérito que él. Al fin y al cabo Pinochet ha movido a un pueblo.

¿Ha renunciado a la Academia?
Yo estoy al margen de todo. Pero si hay unos amigos que lo llevan a uno, uno no va a hacer nada en contra.

Por lo tanto se ha convertido en un escritor sin ambiciones.
Bueno, digamos que el escritor de genoma como yo tendría otra: escribir un artículo por la mañana y morirse por la tarde. Pero eso sería si escribir fuera para él una pasión. Y escribir es una autorrealización.

Fisiología.
Eso.

Otro de los ecos de su celebración del Cervantes es que con usted habían vencido los modernos.
Entiéndame. Uno, en estas ocasiones, habla para el gran público. Los modernos, en el sentido que puede entender eso cualquiera.

Pero es que usted representa justo lo contrario para otros.
¿Qué otros?

Aguarde... Aquí, en el periódico de hoy, viene Marsé, Juan Marsé, que dice.... Esto: 

“Este premio es la culminación de la prosa sonajero en el mundo madrileño. Que suene, pero a mí me interesa la imaginación creadora al servicio de la ficción literaria, no los fuegos artificiales de la lengua y mucho menos ese manierismo castizo y ese tan celebrado tintineo verbal del desmesurado ego del señor Umbral, un pozo de vanidad que ofende la memoria de la tradición novelística española”.

Muy bien. Espere usted. Ahora vuelvo.

Sí, claro...
...Aquí está... El tintineo... Ya verá el tintineo. Esto es una edición de Si te dicen que caí. Está dedicada. Dice: 

“Para Paco Umbral, el amigo, el escritor, el niño que fue, conmigo, de la postguerra, y del cual he robado estampas e imágenes, de su amigo, con un abrazo. Juan Marsé, Barça, diciembre 1974”. 

Le voy a hacer una fotocopia porque sería interesante que la reprodujera en el periódico, con su grafía. Para que se vea bien el manuscrito. Entonces... ¿qué le ha pasado a Marsé que ya no me roba sino que me insulta? El sabrá. Porque si yo tintineo ahora, también tintineaba hace veinticinco años.

No hay duda.
Pues eso. Yo respeto mucho a Marsé. Me parece un gran novelista. Siempre he hablado bien de sus libros y he escrito bien de sus libros. ¿Qué le ha pasado? El sabrá. Tal vez es que no llegó ni a las votaciones del Cervantes.

Marsé y los veintinco años aparte, hay una crítica concreta de su estilo y de su presunta vacuidad.
El tintineo... No es lo que dicen los críticos, ni los universitarios, de aquí y del extranjero. Al revés, todos hablan de la prosa, la prosa, la prosa de Umbral. Y no puedo pensar tampoco que no sea una prosa moderna. Mire: yo abro el periódico cada mañana y veo como todos los columnistas de entre 35 y 45 años me copian. Todos. No sé si hay otro síntoma mejor de modernidad. Porque no copian a don José Zorrilla, ¿eh?.

¿Y el casticismo?
¿Castizo? El casticismo es la adhesión a lo castizo. Es Mesoreno. Pero no es Larra. En Larra hay un casticismo crítico. Como en Cela. Una vez González-Ruano me decía que Cela no amaba a sus personajes. ¡Claro que no! ¡Cómo iba a amar a un churrero de Vallecas! Es precisamente esa distancia lo que lo separa del anacronismo. La superación del casticismo da el esperpento. Valle. Baroja decía que la única gracia de Valle estaba en que llamaba dátiles a los dedos. Es mentira, claro. La gracia de Valle es haber tratado críticamente el castellano hasta llevarlo al esperpento.


Cervantes es imprescindible


Le han dado un premio que lleva el nombre de un escritor que desprecia.
No lo desprecio.

Es verdad que sólo le ha llamado soldado.
¡Lo es! Es un hombre del pueblo. He señalado los defectos de El Quijote, como los señaló Borges. ¡Sólo faltaría que por este premio estuviese obligado a hablar sólo bien de Cervantes! También me han dado el Príncipe de Asturias y no por eso... Bueno, es igual. Cervantes es imprescindible para un novelista. Pero Quevedo es imprescindible para un escritor. Quevedo es un hombre culto, que lee, que estudia. En Quevedo está todo: el ultraísmo, Mallarmé, todo, todo lo moderno. Los jóvenes barrocos españoles se creen que copian a Umbral y en realidad están copiando a Quevedo.

Cervantes funda un género. Y hace hablar a la novela de sí misma.
El género ya estaba fundado, como debe usted de saber, con Tirant Lo Blanc y las novelas de caballerías.

Quizá hasta Cervantes sólo fuesen libros de caballerías.
Es esa inspiración en un género menor. Es como Santuario y una novela negra. Cervantes es importante para un novelista. Para Marsé, por ejemplo. Por cierto: Marsé me sigue pareciendo El Novelista. Y me lo sigue pareciendo aunque ahora me haya cogido asco. Claro, desde el punto de vista personal, me parece que lo tendré que empezar a odiar. Aunque no, que odiar da cáncer.

Entre sus odios y amores hay un contraste difícil de entender: odiar a Baroja y amar a Pla.
No es nada difícil. No comparten nada.

Lo que menos comparten es la boina.
De ninguna manera. Pla es un escritor inmenso. Busca el adjetivo, la palabra exacta, nunca es descuidado. Baroja es torpe. Torpe como cuando los vascos se ponen a escribir el castellano. Yo sé lo que le costaba al gran Aldecoa sacar adelante su lengua. Pla es asombroso, mima lo que está haciendo, ama la escritura. Baroja se ponía a escribir sin leer lo que había escrito el día anterior. Y es que Baroja escribía novelas. Yo sé lo que es eso. La novela produce una especie de urgencia interior. Cuando yo describo la parra de mi jardín, no tengo ninguna prisa. Pero la novela hay que acabarla, hay que avanzar, hay que correr y acabarla. Eso le pasaba a Baroja y no le pasaba a Pla, que no escribió novelas.

Sí las escribió. Aunque sobre todo intentó escribirlas.
Bueno, sí, en El cuaderno gris hay varias novelas y todo eso. Lo cierto es que en Baroja, de vez en cuando, te encuentras una frase brillante. Por ejemplo, ese autorretrato, cuando dijo “Yo soy un fauno reumático que ha leído a Kant”. Pero Pla es otra cosa. Nada que ver. Pla tiene más ideas y muchas más lecturas que Baroja.

Pla admiraba a Baroja.
Sí, son ese tipo de admiraciones... También yo admiro mucho a Ruano y me dicen que soy superior a él.

Aparte de admirarlo opinaba lo mismo, y casi con sus mismas palabras, sobre el estilo. Y lo que Pla y Baroja recomendaban tiene poco que ver con lo que usted escribe.
Pues mire, a Pla le interesó mucho Mortal y Rosa. Un día Vergés llamó y me dijo que Pla había escrito un artículo muy elogioso sobre ese libro. Y es verdad, lo era.

Con alguna reticencia: “Con menos lirismo también nos habríamos arreglado”, dice usted, en Las palabras de la tribu, que escribió Pla.
Era un artículo muy elogioso.

Pla apreciaba las obras maestras, aunque no quisiera emularlas.
Quiero decir que eso del estilo... Ya sé que Pla y yo no tenemos nada que ver estilísticamente. Pero le repito que a Pla le interesó mucho Mortal y Rosa.

Pla, y acabo con él, decía que la intimidad era un problema literario irresoluble. Usted se ha ido deslizando cada vez más hacia ese problema.
Siempre lo he afrontado. En Capital del dolor hay intimidad; en Diario de un escritor burgués hay intimidad; en Diario político y sentimental hay intimidad. Aunque es verdad que en 1972, a partir de Memorias de un niño de derechas yo comprendo que, en cierto sentido, el género memorialístico es mi género. Antes yo tenía que novelar mi vida. Todo el mundo lleva una novela dentro. La novela de su vida. Bien: lo he hecho. Y luego, con la edad, me he retirado a mis castillos de invierno para hacer intimismo. Pero ningún escritor tiene una sola cuerda. Yo vivo también la vida política, soy en cierta forma un cronista político y de ahí que haya escrito obras como esta última novela, El socialista sentimental.

La voz de sus diarios no es la común en este tipo de géneros. La cotidianidad, íntima o no, suele tratarse con una retórica más cercana a lo que Roland Barthes llamaba el grado cero de la escritura, una escritura sin demasiada euforia.
Si eso fuera una obligación no existiría la poesía lírica. Si esa obligación fuera cierta no existiría Juan Ramón Jiménez.

Creo que usted no escribe poemas.
Ah, sólo hay una diferencia tipográfica entre lo que yo escribo y la poesía lírica. Pero, de cualquier modo, mi lenguaje jamás condescenderá con el grado cero de Barthes, haga lo que haga.

Esta mañana escribía usted una columna sobre Fernando Savater y el compromiso del intelectual.
Sí, la razón de esta columna es algo muy íntimo. De pronto, estos días, con el desasosiego del éxito, yo he tenido como la necesidad de descargar la atención que me prestaban, que caía sobre mí. He buscado a quien estuviera por encima, para señalarlo. Savater está haciendo algo muy importante, mucho más importante que lo que hago yo. No se trata de que le den el Cervantes, de que pidamos que le den el Cervantes, eso sería ridículo, sino de que reconozcamos que se está jugando la vida y que eso es algo insólito en los intelectuales españoles de hoy. Pero ya le digo, la genésis de la columna de hoy es un desasosiego íntimo. Como una necesidad de apartarme del foco.


Un libro contra ETA


¿Por qué usted, un intelectual español, no se juega la vida?
Creo que me la voy a jugar ahora. Voy a sacar un libro contra ETA. Ya lo tiene mi editor. Se llamará Memorial del fuego. Ya ve, incluso ahí, con ese tema, se me escapa el lirismo por el título. Usted perdone.

¿Por qué habría de perdonarle?
El lirismo. No le gusta.

Uno pregunta por boca de muchos. ¿Qué dirá Memorial del fuego?
El libro es una comprensión de los nacionalismos. Un reconocimiento de que los nacionalismos tienen razón en muchas cosas. Pero también una condena absoluta de los métodos violentos.

Ya.
La tesis es muy elemental. Pero sólo hay que ver el ejemplo de Cataluña. Ha llegado mucho más lejos que el País Vasco. Negociando. Sin necesidad de usar la violencia ha conseguido mucho más que el País Vasco. Cataluña es el camino.

Usted ha sido periodista en muchos periódicos. También en éste.
Sí, en muchos periódicos. He fundado algunos periódicos y algunas revistas. Como decía González Ruano el español es un golfo fundacional. Es decir, no se limita a echar un polvo sino que se casa y funda una familia. Yo siempre hago lo mismo con todos los periódicos: lo que llamo una lectura inversa. Quiero decir que siempre pienso lo contrario de lo que patrocina el editorial.

Umbral es el hermoso seudónimo literario de Francisco Pérez. Siempre he tenido curiosidad por saber de dónde lo sacó.
De la familia

¿De qué familia?
De mi familia. Umbral es uno de los apellidos familiares. No el primero, claro. Me pareció adecuado para un escritor. Melchor Fernández Almagro, nuestro gran historiador del siglo XIX, al que aún tuve tiempo de entrevistar, me decía que era un apellido judío, como todos los que designan cosas. Una vez el editorial del diario Arriba, sacó con muy mala leche, una lista de los apellidos de la familia de Picasso, demostrando que Picasso era el apellido número veinte. No el segundo, después de Ruiz, sino el veinte. Y descubrió también que era italiano. Lo que, al final, acababa revelando la verdad porque Picasso, por encima de cualquier otra cosa, y como hemos sabido siempre, es un pintor italiano.

O sea que usted es un escritor judío.
Debo de serlo. A distancia. Pero debo de serlo.

martes, 3 de diciembre de 2013

¿Deberíamos hablar todos español y portugués?




Os dejo aquí este interesante artículo del periodista Juan Arias, donde reflexiona en voz alta sobre la importancia de que toda Iberoamérica se una hablando los idiomas português y espanhol. Espero que os guste.


El País, Quinta-feira 28 de Novembro de 2013

Duas línguas irmãs

Quando um espanhol pronunciar corretamente “pão”, “coração” ou “paixão” poderá dizer que fala “brasileiro”; antes, não

Este jornal fala, a partir de agora, também o português. Foi o abraço das duas línguas irmãs de um continente dividido, sobretudo, pelo idioma, segundo me dizem alguns intelectuais. Duas línguas prenhas de história e de cultura, berços, ambas, de uma literatura invejável no mundo.

Meio continente da América Latina fala a língua de Cervantes e García Márquez, e o outro meio – como dizia anteontem em uma entrevista a este jornal a presidenta da Academia Brasileira de Letras, Ana Maria Machado – fala o português de Camões e Guimarães Rosa, indicando que o Brasil, mais do que um país, é quase metade do continente.

Deveríamos todos, então, falar espanhol e português? É uma pergunta que se fizeram alguns brasileiros quando foi aprovada aqui, há alguns anos, a lei que obrigava as escolas públicas a oferecerem, aos alunos que desejassem, o ensino do espanhol.

As leis, no entanto, acabam em letra morta se não houver a vontade de cumpri-las por parte do poder e dos cidadãos. E essa vontade depende de mil imponderáveis.

No caso do Brasil, me lembrava Machado – e pude comprová-lo nos 15 anos em que venho informando a partir deste país –, os brasileiros entendem o espanhol muito melhor, por exemplo, do que os espanhóis entendem o português. Por uma simples razão fonética: nossas vogais [em espanhol] são todas abertas, sem nasais, as deles [brasileiros] são mais sinuosas, mais curvilíneas, mais musicais. A expressão de queixa com caráter sexual, por exemplo: “pô” (nem pronunciam inteira) não soará nunca como o espanhol “joder” ou “carajo”.

Eu me refiro ao espanhol da Espanha, porque o que se fala em geral na América Latina de alguma forma se aproxima mais da musicalidade brasileira, embora também seja mais compreensível para eles porque suas vogais são abertas.

Quando me convidam para um programa de televisão, sempre me avisam: “Se preferir falar espanhol, pode falar, nossos ouvintes entendem”, algo que não ocorre ao contrário. Às vezes, os brasileiros têm mais dificuldades para entender o português de Portugal, ou “europeu”.

Há sons dos brasileiros que um espanhol precisa de anos para pronunciar como eles, se é que conseguirão, como “pão”, “coração” ou “paixão”. Um amigo meu me disse um dia: quando você pronunciar bem essas três palavras, poderá dizer que fala “brasileiro”; antes, não.

Ainda não falo, porque nunca me sai redondo como para eles esse eco que deixam no ar ao pronunciar “pão”, “coração” ou “paixão”.

E talvez seja essa diversidade que leva, como vi por experiência própria, muitos falantes do espanhol a desejarem aprender o português, sobretudo o do Brasil, porque dizem que é “muito doce” e porque adoram escutar as letras dos grandes músicos como Chico Buarque, Gilberto Gil, Milton Nascimento, Caetano Veloso, Maria Bethânia e um etc. sem fim. São sons que arrebatam.

Na primeira vez que cheguei ao Brasil, numa das viagens do papa João Paulo II, acostumado aos sons estridentes dos alto-falantes dos nossos aeroportos espanhóis, fiquei extasiado quando em um dos aeroportos brasileiros (já não me lembro qual) uma voz feminina, como um lamento sensual, avisou: “Próximo destino: Manaus”. Um colega espanhol da comitiva papal, muito castiço, enviado especial da Rádio Nacional da Espanha, me disse: “É que a gente se derrete de satisfação”. E acrescentou: “É que nós falamos de um jeito muito bruto”.

Os brasileiros, no entanto, também gostam de escutar o espanhol. Pedem que você fale com eles, sobretudo quando se trata de poesia, de Lorca ou Neruda, por exemplo. Pode ser que, para nós, a nossa língua pareça dura ao lado desse timbre musical deles, mas eles gostam, a acham sonora, com uma musicalidade diferente, dizem. E quem estudou um pouco de espanhol se anima em seguida a entrar na dança. E ao falar nossa língua encaixam nela graciosamente a musicalidade do português brasileiro.

Estamos falando de duas línguas irmãs porque elas nascem de uma mesma cepa latina. Não falamos do português e do alemão ou do sueco.

Um dos sonhos dos brasileiros de classe média é visitar a Espanha. Muitos sempre me pedem conselhos de itinerários. Voltam sempre fascinados e trazem na memória frases em castelhano, que lhe oferecem como um presente. E soam aveludadas na sua boca. Acontece o mesmo, por exemplo, com os mexicanos e demais países latino-americanos. Com relação aos argentinos, em um dos lugares mais privilegiados pelo turismo brasileiro na América Latina, junto com México, Peru e Chile, os daqui costumam imitar com graça, ao retornarem de Buenos Aires, o seu sotaque portenho.

Tudo isso para dizer que eu, que já amo este país como parte de mim, embora às vezes algumas coisas do seu caráter continuem me irritando, como para eles devem irritar outras tantas minhas ou mais, me sinto feliz de ver que este jornal com vocação global e ibero-americana tenha decidido falar também português e a partir daqui, do Brasil, e com uma redação majoritariamente brasileira.

São esses gestos, mais que as leis, que podem levar ambos, sem percebermos, a sermos bilíngues sem leis que nos obriguem a isso, só com a força da simpatia recíproca que se cria com diálogo, com intercâmbio de cultura, conhecendo-nos melhor, trabalhando juntos, porque, como dizia a acadêmica Ana Maria Machado, desse modo descobriremos que “somos mais parecidos e menos distantes do que supúnhamos”.

Ah, os brasileiros também gostam menos da dor e da tragédia do que nós. São mais inclinados à alegria sensual. É curioso, por exemplo, que a palavra “dolor” em espanhol, “dolore” em italiano, “douleur” em francês, seja em português a mais curta de todas. Reduziram-na, já que não podiam eliminá-la, a uma só sílaba: dor. E até a pronunciam baixinho. “É uma dor”, exclamam diante de algo triste ou uma desgraça, e a sílaba “dor” quase acaba se perdendo no suspiro.


Somos juntos, hispanófonos e lusófonos, uma das maiores populações do mundo. O que nos separa é muito menor do que o que nos une. E além do mais a modernidade está nos eliminando a distância física. Logo atravessaremos o Atlântico e chegaremos do Brasil a Madri ou ao México em menos tempo do que às vezes gastamos engarrafados em um carro, em São Paulo ou no Rio. Os conceitos de tempo e espaço estão mudando. Todo tempo a se aproximarem. Só nós continuaremos distantes e separados falando duas línguas que, como dizia Ana Maria Machado, “quase se entendem”?

...........................................................................................................

El País, jueves 28 de Noviembre de 2013

¿Deberíamos hablar todos español y portugués?

EL PAÍS ahora también habla portugués. La llegada del periódico a Brasil supone el abrazo de dos idiomas

JUAN ARIAS

Este diario habla desde ahora también portugués. Ha sido el abrazo de las dos lenguas hermanas de un continente al que le divide sobre todo la lengua, según me dicen algunos intelectuales. Dos lenguas preñadas de historia y de cultura, cunas ambas de una literatura envidiable en el mundo.

Medio continente de América Latina habla la lengua de Cervantes y García Márquez y la otra media- como decía anteayer en una entrevista a este diario, la presidenta de la Academia de las Letras de Brasil, Ana María Machado- habla el portugués de Camoes y de Guimarâes Rosa. Brasil más que un país es casi la mitad del continente.

¿Deberíamos, entonces, hablar todos español y portugués? Es una pregunta que se hicieron algunos brasileños cuando se aprobó aquí, hace unos años la ley que obligaba a las escuelas públicas a ofrecer obligatoriamente, a los alumnos que lo pidieran, la enseñanza del español.

Las leyes, sin embargo, acaban en letra muerta si no existe la voluntad de los políticos y los ciudadanos de cumplirlas. Y esa voluntad depende de mil imponderables.

En el caso de Brasil, me lo recordaba Machado, y lo he comprobado en los 15 años que llevo informando desde este país, los brasileños entienden mucho mejor el español que nosotros el portugués. Por una simple razón fonética: nuestras vocales son todas abiertas, sin nasales, las de ellos son más moduladas. Las nuestras son más marcadas, las de ellos más sinuosas, más curvilíneas, más musicales. La expresión, por ejemplo, de carácter sexual de queja : po ( ni la pronuncian entera)…, no sonará nunca como nuestro joder o carajo.

Me refiero al español de España, porque el que se habla en general en Latinoamérica de alguna forma se acerca más a la musicalidad brasileña. Cuando me invitan a un programa de televisión siempre me advierten: “si prefiere hablar español, puede hacerlo, nuestros oyentes lo entienden”. Algo que no ocurre al revés. A los brasileños les cuesta a veces más trabajo entender el portugués de Portugal.

Hay sonidos de los brasileños que un español necesita años, si es que lo consigue, para pronunciarlos como ellos, como pão, coração o paixão. Un amigo mío me dijo un día: cuando pronuncies bien esas dos palabras, puedes decir que hablas “brasileiro”, antes, no.
Aún no lo hablo, porque nunca me sale redondo como a ellos ese eco que dejan en el aire al pronunciar pan y corazón o paixão.

Y es quizás esa diversidad la que lleva, como he visto por experiencia propia, a muchos de habla hispana a desear aprender portugués, sobre todo el de Brasil, porque dicen que es “muy dulce” y les encanta escuchar las letras de los grandes músicos como Chico Buarque, Gilberto Gil, Miltom Nascimento, Caetano Veloso, Maria Bethânia y un largo etcétera. Son sonidos que embelesan.

Acostumbrado a los sonidos estridentes de los altavoces de nuestros aeropuertos españoles, la primera vez que llegué a Brasil en uno de los viajes del papa Juan Pablo II, una voz femenina , casi como un lamento sensual, avisó por megafonía : “Proxima destinaçao Manaus”. Me quedé extasiado. Un compañero español de la comitiva papal muy castizo, enviado especial de Radio Nacional de España, me dijo: “Es que uno se derrite de gusto”. Y añadió: “Es que nosotros hablamos muy bruto”.

A los brasileños, sin embargo, les gusta también escuchar español. Te piden que se lo hables, sobre todo si se trata de poesía, por ejemplo de Lorca o Neruda. A nosotros nos puede parecer dura nuestra lengua al lado de ese deje musical suyo, pero a ellos les gusta, la encuentran sonora, con una musicalidad, dicen, diferente. Y los que han estudiado un poco de español se animan enseguida a lanzarse al ruedo. Y al hablar nuestra lengua le encajan graciosamente la musicalidad del portugués brasileño.

Estamos hablando de dos lenguas hermanas porque nacen de una misma cepa latina. No hablamos del portugués y el alemán o el sueco.

Uno de los sueños de los brasileños de clase media es visitar España. Muchos me piden siempre consejos de rutas. Vuelven siempre fascinados y se traen en la memoria frases en castellano que te las ofrecen como un regalo. Y suenan aterciopeladas en su boca. Les pasa también, por ejemplo con los mexicanos y los demás países latinoamericanos. A los argentinos, uno de los lugares privilegiados del turismo brasileño en América Latina junto con México, Perú o Chile, suelen imitar con gracia, al volver de Buenos Aires, su acento porteño.

Todo esto para decir que yo que amo ya a este país como parte de mi, aunque a veces algunas cosas de su carácter me sigan irritando. Como a ellos deben irritarles otras tantas mías. Me siento feliz de ver que este periódico con vocación global e iberoamericana haya decidido hablar también portugués y desde aquí, desde Brasil y con una redacción mayoritariamente brasileña.

Son estos gestos, más que las leyes, los que nos puede llevar a ambos, sin darnos cuenta, a ser bilingües sin leyes que nos obliguen a ello, con la sola fuerza de la simpatía recíproca que se crea con diálogo, con intercambio de cultura, conociéndonos mejor, trabajando juntos, porque como decía la académica Ana María Machado, de ese modo descubriremos que “somos más parecidos y menos distantes de lo que suponíamos”.

Ah, a los brasileños les gusta también menos el dolor y la tragedia que a nosotros. Son más proclives a la alegría sensual. Es curioso, por ejemplo que la palabra dolor en español, dolore, en italiano, douleur en francés. En portugués usan la forma más breve de todas. La han reducido, ya que no podían eliminarla, a una sola sílaba: dor. Y hasta la pronuncian bajito. “E uma dor…” , exclaman ante algo triste o ante una desgracia, y la sílaba dor casi se acaba perdido en el suspiro.

Somos, juntos, hispanoablantes y de lengua portuguesa, una de las mayores poblaciones del mundo. Lo que nos separa es mucho menor de lo que nos une. Y además, la modernidad nos está eliminado la distancia física. Pronto atravesaremos el Atlántico o llegaremos de Brasil a Madrid o México en menos tiempo que a veces empleamos embotellados en un coche, en São Paulo o Río. Están cambiando los conceptos de tiempo y espacio. Todo tiempo a acercarse ¿Solo nosotros seguiremos distantes y separados hablando dos lenguas, que, como decía Machado, casi se entienden?

jueves, 21 de noviembre de 2013

Caetano & Drexler




Caetano & Drexler, un encuentro así tenía que ocurrir un día de estos y así ha sido. Según el feisbuk de Drexler la foto es en Bogotá / Colombia. ¿Qué hacían allí estos dos genios de la música intimista contemporánea? No tengo ni idea, pero la foto parece más que un abrazo, parece "um abraçaço".

lunes, 11 de noviembre de 2013

Mucho Facebook, ¿poca concentración?




Mucho Facebook, ¿poca concentración?

La obsesión por consultar las redes sociales y WhatsApp hace aflorar un nuevo fenómeno: la atención parcial continua. 

Pasamos muchas horas pegados a una pantalla. Por trabajo, pero cada vez más por placer, porque es útil para comunicarnos, nuestra prioridad. Comprobar si hemos recibido un nuevo mensaje electrónico (cosa que solemos hacer varias veces al día, obsesión recientemente bautizada como infobesidad), mantener varias conversaciones en grupo por WhatsApp, consultar confesiones y noticias a través de Facebook, Twitter y otras redes sociales… Y lo hacemos en todo momento: mientras vemos la televisión, comemos o incluso en plena obra de teatro (algunos teatros optan, en ocasiones, por permitir el uso del móvil durante la función para que compartan lo que ven en redes sociales).

Todos (o la mayoría) hemos caído víctimas del influjo digital. Los menores también. En Estados Unidos y Alemania, los adolescentes pasan siete horas y media diarias usando medios digitales.

Algunos autores han alertado sobre los efectos que estos procesos tienen en la mente. Lo hizo Nicholas Carr, quien decidió abandonar la vida ultrainformada y se mudó a las montañas de Colorado, donde no había telefonía móvil e Internet llegaba mal, con su obra Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011). Y también Manfred Spitzer, director de la Clínica Psiquiátrica Universitaria de Ulm y del Centro de Transferencia de Conocimientos para las Neuronas y el Aprendizaje, con Demencia Digit@l. El primero resumía así los efectos de Internet en sí mismo: “Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qué otra cosa hacer. Me siento como si estuviese siempre arrastrando mi cerebro descentrado de vuelta al texto. La lectura profunda que solía venir naturalmente se ha convertido en un esfuerzo”. ¿Le está pasando eso a más gente? ¿Le cuesta zambullirse en un libro o ha dejado de hacerlo por comprobar sus mensajes en Facebook?

Spitzer, por su parte, escribe lo siguiente en su libro (editado en español por Ediciones B): “La afirmación de que la competencia en las nuevas tecnologías tenga una correspondiente repercusión positiva no ha sido demostrada en absoluto por el momento. Es estúpido también que justamente la neurociencia sospeche antes bien lo contrario. Y es que algunos estudios demuestran que el cerebro crece justo allí donde se utiliza. Y el enunciado al revés es también válido. Si no se utiliza el cerebro, entonces se atrofia”. A Spitzer le preocupa cómo afecta el aumento de la tecnología en el cerebro de los niños. Su opinión es que tener más acceso a estas pantallas no les viene bien: “La utilización de ordenadores en edades muy tempranas en la guardería puede motivar trastornos de la atención, y a una edad posterior, todavía en edad preescolar, puede conducir a trastornos de la lectura”.

Desde la Federación de Editores de España, sin embargo, no creen que los menores lean menos. “Frente al tópico generalizado, es el sector más lector”, dice Antonio María Ávila, secretario de la federación, cuyo Anuario 2012 concluye que el 84,6% de los menores lee en su tiempo libre. “Y es lógico, están escolarizados al 100%. Pero hay dos tipos de lectura, una práctica y otra más reposada. Lo que sucede al leer digitalmente, a través de una tableta o del ordenador, es que uno siente más la necesidad de comentar lo que lee con todo el que pueda”.

Eva Martín, madrileña de 13 años, está de acuerdo con Ávila. Ella juega a Minecraft en el ordenador, usa “mucho” Facebook y Twitter, pero también lee casi todas las noches un libro en la cama. “Tengo tiempo para leer y para comunicarme por WhatsApp. Son cosas distintas. Me gusta hundirme en la lectura. Ahora estoy leyendo Las lágrimas de Shiva, que es misteriosa e interesante. Me lo han pedido en el colegio. Y he escrito un cuento de 28 páginas de un niño que encuentra un anillo mágico, que es la puerta a una casa muy extraña”.

¿Se nota el cambio en los institutos? Según Amparo Torralbo, profesora de Lengua y Literatura en el IES Joaquín Araujo, de Fuenlabrada, se nota el cambio en su manera de escribir. “Me acuerdo de la primera vez que vi ‘catalán’ escrito con k. ¡Hay que ser burro!, pensé. Vemos errores gordísimos que pueden deberse a las nuevas tecnologías y veo que afecta a los chicos, a su expresión, porque te plantan una abreviatura enseguida”. En cambio, mantienen el nivel de lectura, afirma esta profesora. “Leen lo mismo que antes, pero de otra manera, se lo descargan en vez de comprar el libro físicamente. Cambian el soporte. Pero que lean o no depende más de sus gustos e intereses. Aunque muchos tienen una dependencia total del móvil”. Torralbo tiene un hijo adolescente al que le encanta jugar con la videoconsola y, como muchos padres, le ha puesto límites: solo puede usarla el fin de semana.

Adriana Díaz, cacereña de 24 años, lee directamente desde su móvil. “Se ve peor que en papel, pero… Es una novela ligera tipo Cincuenta sombras de Grey que me recomendaron”. Díaz aporta otra pista: confiesa que le cuesta ver una película entera. “Es que son dos horas, se me hace difícil mantener la atención… Una serie se me pasa más rápido. Creo que hemos perdido la capacidad de concentrarnos. Todo se ha vuelto más rápido, más en pequeñas píldoras”.

José Antonio Luengo, psicólogo educativo, imparte clases de Técnicas de Comunicación en Educación en la Camilo José Cela y dice que, aunque la creencia generalizada es que vamos a peor, él no lo cree. “Es cierto que nuestros chicos pasan mucho tiempo enganchados a las pantallas y a las tabletas. Básicamente están desarrollando procedimientos de comunicación diferentes a los ordinarios, pero que también son importantes. Lo importante, lo que debemos estudiar, es si en la escuela se introduce y se trabaja de forma eficaz la interpretación de textos y la escritura en formato digital. Es importante que sigan manejando el libro en papel y de esto depende que en educación primaria lean textos y hagan resúmenes. Eso se hace y se va a seguir haciendo en la escuela”.

No hay que mirar hacia otro lado porque los adolescentes viven en la era digital y se comunican con todo el mundo, opina Luengo. El experto cree que las escuelas tienen un reto, que es enseñarles habilidades para la lectura digital. “El profesor tiene que saber que hay una serie de habilidades que él puede aprender. Esa es una asignatura que tiene el docente también para la que no estamos suficientemente formados”. A pesar de todo, Luengo cree que el cambio no está afectando a la capacidad de lectura de los más jóvenes. “Sí están leyendo, aunque sea en el Facebook, están adquiriendo las claves de la lectura. Yo creo que nuestros chicos cuando elaboran un texto o hacen un comentario están poniendo negro sobre blanco sus ideas. Lo que sucede es que en la lectura en pantalla, la lectura profunda es incompleta. El problema es que pasamos demasiado tiempo en ese tipo de lectura y dedicamos menos a la más sosegada. La captura no es la misma cuando lees una página en papel sin interrupciones. En la lectura digital hay una cierta dispersión. Vas de una pantalla a otra, el texto te lleva a un vídeo y luego a un mapa, y la concentración es menor, aunque la cantidad de lectura es mayor”.

Según los expertos, hay un nuevo fenómeno que afecta cada vez a más personas: la atención parcial continua. Es lo que sucede cuando pasamos mucho tiempo ante una pantalla, “que estamos pendientes de muchas cosas, pero sin llegar a solidificar nada”, describe Luengo. “Algo así como ‘el que mucho abarca poco aprieta”. Para luchar contra el fenómeno, cree que debemos buscar un equilibrio. “El libro en papel nos permite una vida interior que es indispensable vivir y que no es tan fácil de experimentar cuando se está ante una pantalla que permite ir de un sitio a otro. Hay que equilibrar el abordaje de los textos. Porque la incapacidad que estamos observando en los alumnos les impide tener ese mundo interior. Es importante que interpreten bien lo que leen. Les digo, pinchad y leed, pero volved a la página original y haced anotaciones de lo que habéis leído”.

Isidro Moreno, profesor de Tecnologías de la Información y la Comunicación en la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid, incluye una nueva referencia: el conocimiento puzle. “Internet y todos los dispositivos móviles hacen que los jóvenes interpreten el mundo mediados por las tecnologías, se crea un conocimiento puzle o una sociedad mosaico. Mis alumnos manejan los medios con bastante soltura, pero se quedan solo en la parte externa de los medios, no profundizan. No les da tiempo, nadie les ha preparado y los profesores no estamos preparados en ver qué hay detrás”. “Todo esto va en detrimento de la lectura clásica, tradicional”, continúa Moreno. “Pero nos falta tiempo y sosiego para sentarnos y leer. Y cuando a los más jóvenes se lo facilitas, lo hacen, pero hay que facilitar que se dé esa situación y crearles la necesidad. Por suerte la gente joven es muy lista”.

La gente que maneja libros electrónicos dedica más tiempo a leer que antes
En la Fundación Sánchez Ruipérez han hecho varios estudios (en los que han participado 300 personas) sobre el impacto de la lectura digital en menores y adultos. “Desde 2008 defiendo que lo digital va a cambiar la forma de leer”, dice Luis González, director de la fundación, que explica sus conclusiones: “Esta fundación cree que lo importante no es obsesionarse con cuánto leen las personas. Todos los estudios que manejamos nos dicen que los niños leen más ahora que los de hace 10, 20 y 30 años, tanto en número de libros como en frecuencia. La gente que maneja libros electrónicos dedica más tiempo a leer que antes. Luego, en el caso de las tabletas hay otro componente positivo y es que conecta unos con otros, al contrario de los libros confinados. La desventaja es que, al tener Internet en la tableta, me salen comunicaciones continuamente y me despisto. A partir de ahora vamos a tener varios tipos de lecturas: una lectura de navegación muy superficial y esa forma de ojear se va a trasladar a la lectura de libros digitales. Y luego va a haber una lectura más pausada”.

González recuerda la primera vez que leyó en un Kindle: “Subrayé una frase y el aparato me informó de que 17 personas en el mundo habían subrayado la misma frase. Me pareció muy potente e inquietante”. Él también alude a la necesidad de buscar un equilibrio. “La lectura profunda es fundamental porque te genera una capacidad de abstracción mucho mayor, te obliga a mantener un concepto a lo largo de muchas páginas. Si nos dedicamos solo al pimpam pimpam, nos devaluamos como lectores. Yo ahora me defino como un lector posdigital. Personas que hemos asumido esto y nos reencontramos con la lectura en verano y nos entregamos a una lectura más lujosa y placentera que cuando solo teníamos el papel”.

Cómo mejorar la lectura digital

Consejos elaborados por el psicólogo educativo José Antonio Luengo para mejorar la lectura digital de los jóvenes:

- Cuando entre a través de la pantalla en un texto del que tenga que sacar conclusiones, no dude en seguir determinadas orientaciones del propio texto que te lleven a otras referencias, no dude en moverse siguiendo sus consejos. Pero hágalo con un cuaderno y un lápiz a mano para ir registrando ideas y observaciones.
- Al terminar la lectura del texto, elabore un resumen de lo que ha leído en seis o siete líneas. No se vaya a la cama o a jugar con la videoconsola sin haberlo hecho antes. Si no ordena las ideas, las perderá y olvidará.
- Después de haber sacado una idea, de haberte ido a otra página, de haber hecho un esquema, procura volver a leer el texto original en una situación en la que no interrumpa nada, sin pinchar los hipervínculos, como si estuviera leyendo en un libro.

Fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/11/10/actualidad/1384115247_184450.html