domingo, 30 de septiembre de 2012

Crepusculario


 "Paseo a la luz de la luna" de Van Gogh, 1890

El pintor pasea junto a una mujer vestida de amarillo a la hora del crepúsculo y los árboles de este paisaje tienen un temblor de espirales verdes y azuladas que hacen frontera con los naranjas del atardecer. Todo alrededor parece vibrar, quizás el viejo loco y pintor estaba delirando o simplemente estaba sintiendo un ligero frémito de felicidad.

Nélida Piñón, embajadora iberoamericana



"A cultura abre fronteiras" (Nélida Piñón)

La Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) ha designado a la artista gaditana Sara Baras, al bailarín argentino Julio Bocca y a la escritora brasileña Nélida Piñón embajadores iberoamericanos de la Cultura en este año de conmemoración del Bicentenario de la Constitución de 1812.

Esta designación y la entrega del reconocimiento en Cádiz, se suma a las aportaciones de la SEGIB a la ciudad con motivo de los actos de conmemoración del Bicentenario y el nombramiento de Cádiz como Capital Iberoamericana de la Cultura. De hecho, el secretario general de Iberoamérica, Enrique V. Iglesias, ha sido uno de los impulsores para que Cádiz acoja la XXII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno que tendrá lugar el próximo mes de noviembre.

La designación como Embajadores Iberoamericanos de la Cultura a Nélida Piñón, Julio Bocca y la gaditana Sara Baras reconoce sus trayectorias artísticas y su compromiso con los principios de la Carta Cultural Iberoamericana.

Itinerário de Pasárgada



Me regalé por mi 44 cumpleaños algunos libros que hacía tiempo que quería leer y uno de ellos fue una antología del poeta brasileño Manuel Bandeira titulada "Testamento de Pasárgada" y nada más recibir el libro, observando la portada, alguna cosa me cautivó. ¿Quizás el tono sepia de la foto con el poeta de traje y corbata en el Beco de las Carmelitas? No. En la ventana de la casa había una imagen que parecía un cuadro, una fotografía que el poeta estaba imaginando, mirando o tal vez que él había soñado. Fuí detrás de esa imagen incompleta que parecía hipnotizarme y descubro que es una acuarela que ilustró el poema "Estrella de la mañana". Pero, ¿Quién fue el autor de esa imagen? 


Yo quiero la estrella de la mañana
¿donde está la estrella de la mañana?
Mis amigos mis enemigos
Busquen la estrella de la mañana
Desapareció iba desnuda
¿Desapareció con quién?
Busquen por todas partes
Digan que soy un hombre sin orgullo
Un hombre que acepta todo 
¿Qué me importa?
Yo quiero la estrella de la mañana...


Aquí os dejo la portada del libro:









domingo, 23 de septiembre de 2012

Concurso de Blogs


Google lança um concurso de blogs para fomentar a língua espanhola na Red.

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na categoria de "Bitácora pessoal de difusión da cultura"

martes, 18 de septiembre de 2012

Yo no me llamo Pablo Neruda



EQUÍVOCOS LITERARIOS. El poema "Muere Lentamente" atribuído a Pablo Neruda circula hace años por internet, cuando en realidad la autora del texto es la escritora y periodista brasileña Martha Medeiros.

Os dejo aquí la copia original. Espero que os guste:


"MORRE LENTAMENTE quem não troca de idéias, não troca de discurso, evita as próprias contradições.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Los bigotes de Salvador Dalí


“Todas as manhãs quando acordo, 
experimento um prazer supremo: 
o de ser Salvador Dalí.”



miércoles, 12 de septiembre de 2012

Un gañán literario


Gregorio Morán, el resentido mandarín de las polémicas se despacha a gusto con una sabatina intempestiva e insidiosa contra el periodismo y la literatura de Umbral, Premio Cervantes, año 2000.


La Vanguardia, Sábado 28 abril 2001 

SABATINAS INTEMPESTIVAS 
Un gañán literario

GREGORIO MORÁN

Sucedió en febrero del año de gracia de 1905. La España, zaragatera o triste, se emocionó de pronto ante lo más inesperado que podría haberle ocurrido a un país donde se leía poco y se sufría mucho. Don José Echegaray, autor famosísimo de dramas inconmensurables con cuyos títulos se hacía leyenda –“O locura o santidad”, “El gran Galeoto”–, pelotillero de todos los gobiernos en un siglo abundante en cambios, ministro del Fomento y de la Hacienda, ingeniero de Caminos, jefe del Banco de España, autoridad indiscutida en definitiva, había conseguido con alguna ayudita oficial el premio Nobel de Literatura. Del Rey abajo ninguno se quedó sin el pálpito patriótico. Un español de bien recibía el cuarto premio Nobel de la literatura universal. Instituciones, gremios, personalidades todas, se inclinaron ante el prohombre. Todos, lo que se dice todos, no. Un puñadito de escritores bisoños, tachados de envidiosos y resentidos, publicaron un manifiesto de protesta y denuncia. El viejo Echegaray representaba todo lo que de fantasmagórico y falaz tenía la España de la Restauración y su literatura. Aquellos debeladores de la estupidez ambiente se llamaban Unamuno, Baroja, Azorín, los dos Machado, Valle-Inclán, Ramiro de Maeztu y hasta Rubén Darío. Del futuro de la literatura española sólo se negó Jacinto Benavente, que sería recompensado años más tarde con otro Nobel. 

Es curioso que hoy, cuando a Echegaray no lo leen ni los especialistas, y cuando la literatura de la época se reduce a sus denunciadores de entonces, este manifiesto rupturista con lo establecido y su representante apenas sea recogido en las comineras historias de la literatura española. No había nada personal, Echegaray era al parecer excelente persona, algo inclinado a la adulación, lo que facilita mucho el éxito, y a él se debían ayudas capitales en la carrera de Clarín, de Valle-Inclán y de otros; su traducción de “Terra baixa” fue la canónica en castellano durante muchos años, quizá para compensar que a Ángel Guimerá no le dieran el Nobel en compañía de Federico Mistral, como a él. 

No pude menos de recordar esto cuando contemplé a Francisco Umbral vestido de pingüino diciendo unas cosas que ruborizarían a cualquiera que no hubiera perdido el rubor aun antes que la virginidad; porque pertenezco a una generación que, salvo la experiencia sexual que nos llegó tardía, el resto de las virginidades las fuimos perdiendo apenas nos destetaron. “España es un compromiso guerrero por afirmarse, por difundirse, por existir; por cumplir sus pasiones imposibles...”. Este tipo de prosa, heredera de Echegaray, la vitaminaron aquellos chicos de la camisa “que tú bordaste en rojo ayer”. De la cuadrilla de Sánchez Mazas, el fino, y Giménez Caballero, el basto. Apesta a azulete y naftalina. “Don Quijote es la metáfora de España... España se inventa pasiones para sobrevivirse... La pasión de América, la pasión del Imperio, la pasión de Europa, la pasión del mundo mueven Españas y nos ponen a la cabeza del siglo.” Ahí queda eso, chicos, para que sepáis distinguir las voces de los ecos. 

A mí me es indiferente que a Francisco Umbral le den el premio Cervantes o el de las Artes y las Letras o de Educación y Descanso o la Cruz de San Jorge. Lo que no me es indiferente es que un tipo que escribe una prosa más ajada y chamarilera que la de sus maestros, César González Ruano y el charlista levantino Federico García Sanchiz, pase por modelo de literatura con el silencio cómplice de todos nosotros. Si esta literatura umbraliana es la que corresponde a nuestro momento histórico, verdaderamente estamos en una época como para avergonzarse. Es prosa de caracol que va dejando su babilla en el portal de fulanito, que es amigo suyo y está bien colocado, y su desdén a aquel otro que no le baila el agua y que un día le hizo un parrafito de reproche. Es un mosquetero perillán con florete de plástico para asustar a las señoras capitalinas, ¡ay, Paco, qué cosas tienes!, ¡le admiro, Umbral, por su audacia léxica!, ¡maestro inventor de vocablos!... La verdad es que resulta patético que al final la literatura española del nacimiento del siglo XXI tenga que cargar con esta morralla de los años del cólera. El Rey se ha referido a su obra citando en primer lugar “Larra, anatomía de un dandy”, que es un libro recomendable para descubrir dónde nació tal jeta de la pluma que escribe sobre algo que no sabe ni se ha tomado la molestia de mirar, y cerró el apartado bibliográfico con “Mortal y rosa”, un texto en verdad mortal y rosa cadmio. Los reyes no leen más que aquello que les hacen leer y luego pasa lo que pasa. Quizá sea mejor, porque al abuelo del actual le gustaba, dicen, Echegaray, sobre todo cuando lo representaban María Guerrero y Rafael Calvo. 

En Umbral todo es falso, hasta el apellido. Francisco Pérez Martínez, nacido en la Inclusa de Madrid el 12 de mayo de 1932. Esa obsesión burguesa de joven con hambre y ambición. “España es un país de clases medias, también en lo intelectual, y con ellas pacta el escritor o el artista por conveniencia, supervivencia y acomodo.” Ni idea. Escribe de oídas y no es hombre de gusto musical, desafina cuando se apropia de una melodía que no es suya y que no sabe interpretar. Otra cosa muy distinta hubiera sido este país de haber tenido clases medias dignas de tal nombre, y por supuesto hasta fechas muy recientes se podía decir cualquier cosa menos que el escritor o el artista pactara con ellas. 

Él sí que es un producto típico de la España periodística del franquismo, que no era “media” sino “mediocre”, que a veces no es lo mismo. Residuos de la historia de las sedicentes clases medias provincianas a la conquista de Madrid, el Madrid funcionarial del fin del estraperlo, los garbanzos abundantes, la paella los domingos, una tapa de callos en La Latina y el paseo por la Carrera de San Jerónimo tras una croqueta en Lhardy si hace bueno, y un caldito si sopla Guadarrama. Yo alcancé a ver a González Ruano sentado en la mesa del Teide, o a lo mejor lo soñé, porque dado que en Madrid no había entonces Museo de Cera no era fácil detectar si se trataba de reproducciones o eran los originales. Para mí, como para los que estaban en mi mundo, eran los putrefactos. Los mismos que bautizaron Lorca, Buñuel y compañía, unas décadas antes. 

Miren, sin ánimo de ofender pero para darles una pista a quienes no están en esto de la prosa y el embuste, el estilo de Umbral es el que generacionalmente cristaliza en el vespertino “Pueblo”. Hay una generación que se forma, es un decir, en aquel diario de la tarde que dirigía el ínclito intelectual Emilio Romero –tuvo todos los premios culturales que se concedían en la época, incluido el Planeta, y aún no sé si está vivo o cría malvas, pero bien merecería un homenaje de sus desperdigados discípulos–. Era eso que se denominaba entonces un “maestro de periodistas”. Unas gafas con talento, que diría un castizo. Le conocí ya en la decadencia, y hasta en la maldad que derrochaba mostraba inteligencia. Él fue el auténtico “maître à penser” de todos esos que ahora citan a Heidegger o a Sartre con desdén de conocedores. Emilio Romero, Jesús Fueyo y Torcuato Fernández Miranda son la trinidad espiritual de una época inolvidable. Bueno, pues esa generación cuando llegó la transición avanzada, es decir, con Franco en el hoyo y Suárez en el bollo, descubrió a Santiago Carrillo. Fue un flechazo. 

Ocurrió en una casa alquilada de la calle de Atocha cuando el secretario general del PCE se apareció a los gentiles. Si mal no recuerdo, allá por diciembre de 1976. Corrió el rumor como la pólvora. Acababa de llegar a Madrid, clandestinamente y con peluca, un hombre que había tomado la talla de Stalin en directo, que trató con familiaridad a Togliatti, que se tuteaba con Ceausescu, que sabía los secretos de la Pasionaria, que había aprendido a tomar Sauternes en París y que fue de los últimos en tragar el caviar a cucharadas. Una generación periodística pasó de Emilio Romero a Santiago Carrillo, entre otras cosas porque pensaban que él representaba el futuro. 

¿Y qué debemos hacer? ¿Callarnos? ¿Consumir la bilis cotidiana en prosa alambicada de periódico? ¿O asumir que nos tilden de restos de un naufragio, residuos resentidos y envidiosos? A estas alturas de mi vida me es indiferente. No sé cuánto tiempo podré seguir escribiendo, ni dónde. Porque vivimos tiempos muy buenos para la lírica y no tanto para la épica, la ética y la estética, y por eso me produce bascas pensar que unos bribones se apoderan impunemente de aquel que fue un derrotado de la vida, cuyo nombre no deberá ser pronunciado jamás en vano. Cervantes. 

Lugares que no quiero compartir con nadie





Después de varias tentativas, por fin he conseguido leer un "libro en formato digital"  en la pantalla de mi ordenador portátil, ya que debo ser el único ciberlector del universo virtual que no tiene un tablet de última generación. El libro es de la escritora española Elvira Lindo y su sugerente título es "Lugares que no quiero compartir con nadie" y fue publicado el año pasado en la editorial Seix Barral.

Se trata de una especie de "guía sentimental" para viajeros que quieran descubrir la ciudad de Nueva York, sus restaurantes, cafeterías, sus barrios, sus tiendas y supermercados o simplemente pasear de la mano de Elvira y su marido Antonio por el Central Park y descubrir juntos unos mapaches escondidos en el tronco de un árbol.

Cómo soy, inevitablemente, un lector maniático he tenido que subrayar palabras y frases que me gustaron, párrafos dónde se escondían poesía y gramática o simplemente adjetivos desconocidos para alguien como yo, que se dedica a coleccionar palabras.

Aquí os dejo un fragmento del libro. Espero que os guste:

"Antonio suele caminar a la vera del río. Yo, por el parque. Vamos por senderos paralelos, él más abajo, a la altura del cauce del Hudson, yo por arriba. A él le gusta extasiarse observando las corrientes caprichosas y rebeldes del Hudson; a mí me gusta pisar blando en la tierra siempre fértil del parque. Los dos hemos visto a gente solitaria meditar sentada en una roca mirando al río. Tan dentro de ellos mismos como fuera, a la intemperie: con New Jersey delante de los ojos entornados; el puente George Washington a la derecha; los bloques de hielo crujiendo en invierno y los veleros salpicando de velas el gris oscuro del agua en cuanto empieza el buen tiempo".



También podéis visitar su página web personal donde podeis ver fotos de Nueva York y leer algunos de sus brillantes textos:

http://www.lugaresquenoquierocompartirconnadie.com/

martes, 4 de septiembre de 2012

Tiempo atrás


"A veces, cuando me va ganando como una cosquilla de cuento y cae la noche y enciendo el portátil y aparece frente a mí la pantalla en blanco y miro las veintinueve letras del alfabeto español desordenadas en el teclado de toque suave y me trato de estúpido, (¿para qué un cuento, al fin y al cabo, por qué no abrir un libro de otro cuentista, o escuchar uno de mis discos?), pero a veces, cuando ya no puedo hacer otra cosa que empezar un cuento como quisiera empezar éste, justamente entonces me gustaría ser Julio Cortázar.

Hace unos días encontré una foto de Anais, puesta como señalador en nada menos que un libro de poemas del viejo Benedetti, que ella me había regalado tiempo atrás, después de descubrir que estaba autografado por el autor y ella no lo recordaba y su foto pareció por mera acción de la gravedad en una mudanza de hace dos años, sacar una brazada de libros viejos de la estantería y ver asomarse la foto, tardar en reconocer a Anais.

Anais, Anais, era el nombre de un perfume caro que venden en frascos pequeños y podría ser tal vez como un veneno para el incauto que siguiese su rastro. Aquella primavera de hace ya algunos años, yo, casi sin querer probé de ese licor. Días azules, películas de Budialen, discos de Jobim, viajes a Lisboa, trabajos esporádicos bien remunerados, tardes libres para no hacer nada, y poco a poco ir alejándose de los amigos y caer inevitablente en la red de Anais, tela de araña donde estuve atrapado aquellos años...

Absurdo que ahora quiera contar algo que no fui capaz de conocer bien mientras estaba sucediendo, como en una parodia de Proust pretendo entrar en el recuerdo como no entré en la vida para al fin vivirla de veras. Pienso que lo hago por Anais, finalmente quisiera escribir un cuento capaz de mostrármela de nuevo, algo en que ella misma se viera como no creo que se haya visto en ese entonces, porque también Anais se movía en el aire espeso y sucio de aquella ciudad, donde desde su apartamento se podía ver el perfil de titanio de aquel extraño museo de arte moderno, a la orilla del río Nervión. 

Poder arrancar a Anais de esa imagen confusa y manchada que me queda de ella,  de mis cartas nunca respondidas, de mis poemas nunca leídos. Pretender contar esta historia desde la niebla, desde cosas deshilachadas por el tiempo. Al fin y al cabo quién sabe lo que es realmente el tiempo. Sólo ahora sé de veras lo que pasa, y es que nunca supe gran cosa de lo que había pasado, quiero decir las razones profundas de ese tango barato que empezó con Anais, desde Anais y que yo quise rescatar de mi memoria".

Texto "plagiado" del relato "Diario de un cuento" del libro "Deshoras" (1982) del escritor argentino Julio Cortázar.




sábado, 1 de septiembre de 2012

Yo no soy Budialen


Penélope Cruz, la musa española de Woody Allen ganó el premio oscar 2008 a la mejor actriz con la película "Vicky Cristina Barcelona" un triángulo amoroso con cuatro lados desiguales: Javier Bardem, Scarlett Johansson, Rebecca Hall y Penélope Cruz.
Las gafas de Woody Allen siguen observando al amor y otros desastres.

La fotografía es de Annie Leibovitz

Música de automóvil (2001)



NACHO MASTRETTA
"Música de automóvil" (2001)

canciones::

01. Reparto a Domicilio
02. Parking Subterraneo 3ª Planta
03. Camping Bellavista
04. Portugal
05. Continental-Auto
06. La Roulotte
07. Vuelta Ciclista
08. Michelin
09. Aventon en Auto-stop
10. Abierto 24 Horas
11. Ultima vuelta en Monmelo
12. Musica de Automóvil

Melodías de Rayos X (1998)



NACHO MASTRETTA
"Melodías de Rayos X" (1998)

Canciones::

01. Laguna seca
02. Sabanas blancas, cama estrecha
03. Mi cuarto de hora
04. Muñeca rusa
05. Kid Chocolate
06. El último habitante del planeta
07. Mosley
08. Plaza de Callao
09. Andrea Doria
10. Piel de pollo
11. Dolor de crooner
12. Tragahierros
13. Ojos rojos
14. Latin lover